Yo le concedí el poder de desequilibrarme, acceso directo a mis sentimientos, el derecho de picaporte. Porque lo usa así. Estaba tranquilo, haciendo una actualización a mi directorio personal… después de un día emocionante por avanzar una fase en un proceso de reclutamiento y haber hecho un buen papel en esa etapa (además de estar cómodo en ella), por haber visto a un amigo, por conversar con él, por visitar una tienda de comics y bobear… por andar en la calle con mi trajecito, peinadito y escuchando la radió gracias a mi cel… una día sin problemas de conexión, un buen día en mi sesión diaria de juegos, una rica comida, una cena sabrosa, un bonito día para mi sin tener que soportar a mi hermano, sin sufrir sus interrupciones… Un día cansado sí pero un muy buen día.

Entonces me llamo… mientras avanzaba la conversación todo iba bien, incluso había puntos divertidos. Un par de cosas que me desagradaron (vinieron una amigas a visitarla y no las conocí, fui el único de su red social que no las conoció –ya me sabía excluido pero esto lo demuestra–… incluso algunos se las cogieron o al revés, que en este caso es lo mismo). Pero nada grave.

Y tiene el descaro de decirme que me extraña, que tiene ganas de verme… me hace daño, ella lo sabe. Porque si eligió botarme me hace esto.

Maldita… tener el poder no le da derecho de hacerme esto… ahora encuentro una coincidencia lúgubre: la primera canción que escuche [y cante] hoy fue Total Eclipse of the Heart de Bonnie Tyler.

Recordando Iris de Goo goo dolls: When everything seems like the movies / Yeah you bleed just to know your alive.